Maksym Butkevych: Antimilitarista, defensor de los derechos de migrantes y de la democracia, en la guerra

Author
Maksym Butkevych Tetiana Troshchynska
Date
April 8, 2022
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Antimilitarista y libertario, Maksym Butkevych, figura ucraniana de la lucha por la acogida y los derechos de las y los refugiados y las causas democráticas, participante en los movimientos sociales que con esos objetivos han aparecido en Ucrania desde los años 1990, se presentó como voluntario al ejército ucraniano el 24 de febrero de 2022, el mismo día del ataque a su país por el imperialismo ruso;  fue hecho prisionero en junio de 2022.

Presentado por la propaganda del Kremlin como un “fascista a la cabeza de un destacamento punitivo”, fue condenado a trece años de prisión por un tribunal ruso sobre la base de acusaciones absurdas, desmentidas por observadores independientes y organizaciones de defensa de los derechos humanos.

La Red Europea de Solidaridad con Ucrania (RESU), que entre otros objetivos lucha por la liberación de Maksym, ha tomado parte en numerosas acciones de solidaridad o de información que han permitido conocer la realidad ucraniana. Los numerosos contactos creados a través de esa actividad han confirmado la existencia de una sociedad civil múltiple y ramificada.  Su Comité Francés ha publicado un folleto (https://www.syllepse.net/maksym-butkevych-_r_21_i_1045.html)  en el que entre otros textos están publicados algunos artículos del propio Maksym. Los dos que publicamos a continuación están escritos en un momento de tensión inmediatamente precedente y posterior al inicio de la guerra a gran escala que significó la invasión rusa de febrero de 2022. La lectura de los textos escritos en aquel ambiente ayuda a comprender la situación que vivió el pueblo ucraniano en aquellos días y nos da una visión desde el punto de vista de alguien implicado a fondo en las luchas y la vida de su país. (F.E).

Ucrania en alerta máxima (Artículo  publicado en Ordfront Magazine –Suecia–. Fue escrito en vísperas de la invasión rusa de Ucrania)

Maksym Butkevych

Estoy terminando este artículo el domingo 20 de febrero [2022] después de otra semana muy tensa en Ucrania. La mayoría de la gente ha estado descansado durante el fin de semana, y mañana toca volver al trabajo. Una de mis amigas es una desplazada de Luhansk, en el este de Ucrania, una periodista que fue encarcelada durante un tiempo por las milicias apoyadas por Rusia. Está a punto de finalizar el próximo número de una revista cultural sobre el presente y el pasado de la región del Donbass.

Mis colegas de la ONG East SOS visitarán pueblos cercanos a la frontera oriental que han sufrido los bombardeos de la artillería para ver cómo se las apaña la gente. Otro amigo acaba de publicar en las redes sociales un nuevo libro sobre temas delicados en el sistema escolar ucraniano. Al mismo tiempo, otra organización de personas voluntarias que se ocupa de las y los refugiados de Bielorrusia ha anunciado que abandona la capital, Kiev, y se traslada más cerca de nuestra frontera occidental. Y una amiga cercana, me han dicho, acaba de encontrar un lugar para establecerse en un barrio que es más seguro para ella y sus hijos, por si acaso.

La idea de una invasión militar rusa a gran escala de Ucrania sigue pareciendo demasiado descabellada para ser comprendida plenamente,  pero para muchas personas ucranianas ya es muy real. Sólo en la última semana han tenido lugar los siguientes acontecimientos:

  • 5 de febrero: al menos un ciberataque DDoS dirigido contra webs y correos electrónicos del gobierno ucraniano, así como sistemas bancarios en línea. El ataque se originó desde fuera del país y probablemente fue el más importante desde hace años;
  • 16 de febrero: esta es la fecha fijada por la prensa internacional como la nueva fecha oficial de la invasión;
  • 17 de febrero: según las autoridades ucranianas y los medios de comunicación internacionales, las milicias prorrusas comienzan a bombardear con fuerza en el este de Ucrania. Puestos militares e infraestructuras civiles son alcanzados, incluida una guardería y una estación de ferrocarril;
  • repetidas declaraciones del gobierno títere de las autoproclamadas "Repúblicas Populares" de Donetsk y Luhansk decretaron la evacuación de toda la población masculina a Rusia (lo que equivale a una deportación). Las repúblicas afirman que esta medida se está tomando debido a los preparativos ofensivos de Ucrania, lo que niegan categóricamente los representantes ucranianos y parece provocador y absurdo para las y los habitantes de Kiev.

Todo esto desde la semana pasada. Las tensiones habían ido en aumento durante semanas. Antes incluso de Año Nuevo, algunas personas ya habían preparado su mochila (con lo necesario para una rápida evacuación) y empezaron a hacer donaciones voluntarias al ejército. El 1 de enero, una nueva ley entró en vigor, dando forma jurídica a las unidades de defensa voluntaria formadas en las comunidades locales.

Desde 2014 se lleva debatiendo hna nueva organización de la guardia nacional, pero finalmente se ha hecho realidad bajo la presión de las impredecibles y amenazadoras acciones del Kremlin y del dictador bielorruso Lukashenko (No contento con aplastar brutalmente a su propia oposición interna, intenta de alguna forma dar las gracias a su único aliado extranjero con declaraciones amenazadoras. Pero la tragedia de Bielorrusia es un tema que merece un análisis más profundo).

Más de la mitad de la población está dispuesta a defender su país de la agresión rusa

Según una reciente encuesta del prestigioso Instituto de Sociología de Kiev, más de la mitad de la población ucraniana está dispuesta a defender a su país de la agresión rusa y no menos de un tercio está dispuesto a hacerlo con las armas en la mano (un sondeo de opinión del centro Razumkov da cifras aún más elevadas). Estas cifras se repiten independientemente de la lengua o grupo étnico (hoy en día, estas diferencias apenas se mencionan en las redes sociales, parecen haberse desvanecido, a pesar de los recientes intentos de muchos políticos de jugar con ellas y explotarlas).

Lo mismo parece ocurrir con las organizaciones de los partidos: incluso una gran proporción de las personas que simpatizan con organizaciones consideradas prorrusas dicen estar dispuestas a defender a Ucrania contra una invasión rusa.

El pueblo ucraniano parece haberse preparado, pero su movilización no significa en absoluto un apoyo incondicional a todo lo que hagan el Gobierno y las autoridades. Las críticas abundan en los principales medios de comunicación y en las redes sociales, tanto contra el presidente y el gobierno (el presidente Zelensky hace aún más declaraciones públicas que de costumbre, y éstas son estrechamente examinadas y criticadas por el público) como contra las autoridades locales (pocos habitantes de Kiev se tomaron en serio la declaración del ayuntamiento de que estaba preparado para evacuar a los millones de habitantes de la ciudad). La gente se prepara para lo peor, pero no se coloca detrás de una fuerza política concreta. En el mismo orden de ideas, podríamos hablar de una especie de auge del nacionalismo. Pero sólo en el sentido de que pone en el centro una nación política; la etnicidad es menos importante y lo que cuenta es la voluntad de las y los ciudadanos de defender su país y sus valores. Y para la mayoría de las personas, esos valores son la libertad, la democracia y el derecho a gobernarse a sí mismos, lo que contrasta con los regímenes autocráticos de la Federación Rusa y la República de Bielorrusia.

Lo que está ocurriendo en Ucrania puede parecer inédito y chocante para un observador extranjero, pero para nosotros, para la gente de Ucrania, es lo que está sucediendo desde al menos 2014. Es incomprensible que un país de la Europa del siglo XXI pueda atacar a otro y ocupar parte de su territorio, ignorar sin más sus promesas y compromisos internacionales y, de forma consciente, hacer añicos lo que quedaba de la cooperación europea en materia de seguridad. Quienes pensaban que esto era imposible se han llevado una cruel decepción. Entre lo que se consideraba impensable en aquel momento se incluía el ignorar por completo el Memorando de Budapest de 1994 , en el que la recién independizada Ucrania entregó todas sus armas nucleares a Rusia a cambio de promesas de no agresión y fronteras seguras.

Dicho acuerdo fue fruto de su tiempo. Tras el colapso de la Unión Soviética, se podía tener la visión de Ucrania en una posición favorable en las relaciones internacionales. El nuevo y dinámico país quería quedar libre de armas nucleares, ser neutral, fuera de cualquier bloque militar, y amigo de todos en la nueva Europa que estaba tomando forma tras el final de la Guerra Fría. Pero, por supuesto esta visión pronto demostró ser demasiado hermosa para ser verdad. Apenas veinte años después, Rusia clavó el último clavo en el ataúd de este sueño pacífico invadiendo y ocupando Crimea y desatando la guerra en el este de Ucrania.

Fue entonces cuando muchos antiguos partidarios de la neutralidad [de Ucrania] se convirtieron en partidarios de su adhesión a la OTAN.

La posición imperialista de los dirigentes rusos

La posición abiertamente imperialista de los dirigentes rusos, así como las declaraciones personales de Putin han jugado un papel importante. Cuanto más declaraba el líder ruso que Ucrania no tenía voz propia, que el futuro de Ucrania debía discutirse entre las grandes potencias sin que Ucrania estuviera presente en la mesa de negociaciones, que Ucrania pertenecía al extranjero cercano de Rusia (es decir a la esfera de intereses de Rusia) y que todos los ucranianos no eran más que una especie de pueblo ruso, más querían los ucranianos distanciarse de Rusia, de su Estado, su política y su cultura, ya que el Estado ruso se veía cada vez más como una amenaza existencial para la propia existencia de Ucrania.  De hecho, paradójicamente, los actuales dirigentes rusos, encabezados por Putin, han hecho todo lo posible para distanciar a Ucrania de Moscú. Así que, en muchos sentidos, lo que está sucediendo hoy, en 2022, si miramos la situación desde Kiev, es simplemente la consecuencia lógica de un proceso que comenzó al menos en 2014.

Muchas cosas han cambiado desde 2014.  Desde el levantamiento del Maidan, con todas sus tragedias y su derramamiento de sangre, y finalmente la victoria a finales de febrero de 2014. Desde entonces, hemos asistido a la ocupación de Crimea y a la guerra civil desencadenada en el este de Ucrania. El ejército ucraniano se ha modernizado constantemente desde entonces, con el apoyo de la población. Sin embargo, casi no nos hacemos ilusiones sobre un éxito militar en una guerra total contra la potente máquina militar rusa y no subestimamos en absoluto el coste en vidas humanas de una tal evolución (recordemos que Ucrania cuenta aún con 1,5 millones de personas desplazadas en el interior del país como consecuencia de la guerra de 2014-2015). Sin embargo, esta ausencia de ilusiones sobre la situación parece alimentar más que la apatía y el derrotismo, la resistencia de la población. Nadie quiere creer que lo peor está por llegar, pero la mayor parte de la gente parece prepararse para ello.

Un conflicto menos debatido: las escandalosas disparidades entre la ciudadanía ucraniana

En estos momentos, parece que Ucrania está en alerta máxima. El país ha entrado en la situación actual con muchas divisiones internas, siendo las más evidentes las que existen entre los partidos, con acalorados debates sobre medidas de seguridad esenciales, con  algunas reformas clave que  han quedado inconclusas o incluso han sido abiertamente saboteadas (como las reformas del sistema judicial y las reformas de la policía). Tampoco hay que olvidar un conflicto menos debatido, pero no menos importante: las escandalosas disparidades de renta y riqueza entre los ucranianos.

Cuando se reveló que muchos oligarcas y ciertos políticos abandonaban el país antes de la fecha anunciada de la primera invasión el 16 de enero, circularon muchos chistes en las redes sociales, afirmando que por fin estaban "librando al país de sí mismos" y que podían "quedarse en el extranjero a partir de ahora".  Mientras tanto, tales conflictos son vistos por algunos como el subproducto de una sociedad libre, en cualquier caso más libre que la gran mayoría de las antiguas repúblicas soviéticas.

Y sobre todo, la opinión pública ucraniana parece dispuesta a defender su autodeterminación y soberanía territorial sus derechos y libertades, ganados con tanto esfuerzo, frente a la agresión extranjera, y no está dispuesta a permitir que un autoproclamado "imperio” determine el futuro de Ucrania sin tener en cuenta lo que piensan las y los propios ucranianos.

Desde Kiev, parece bastante claro que incluso si logramos evitar la aguda amenaza de una invasión, seguiremos teniendo una espada de Damocles colgando sobre nuestras cabezas en forma de una amenaza muy real y tangible de invasión mientras regímenes autocráticos mantengan bajo su control a nuestros vecinos del norte y del este. En la actualidad esta amenaza es algo con lo que los ucranianos tendrán que aprender a vivir  y tendrán que afrontarla de manera muy concreta.

Entrevista a Maksym Butkevych

"Espero que la guerra no nos haga tan crueles como para relegar los derechos humanos a un segundo o tercer lugar en la agenda"

Tetiana Troshchynska

¿Cómo decidiste alistarte? ¿Fue el 24 de febrero o antes?

Decidí unirme al ejército y defender mi país, mi ciudad, incluso antes de la invasión a gran escala. Después del 24 de febrero, no tenía otra opción en mi corazón. Estamos en guerra desde 2014. Incluso entonces reflexionaba sobre dónde podría ayudar mejor. En 2014-2015, no estaba en el ejército, estaba ayudando a las y los desplazados internos. Eso era importante. Mi equipo consiguió ayudar a muchos hombres y mujeres.

El primer día de la invasión a gran escala cogí algunas cosas básicas y fui a la oficina militar de registro y matriculación. Sabía que no era el mejor candidato: no tenía ninguna experiencia de combate y nunca había servido antes. Me dijeron que esperara la notificación. Llegó al cabo de de una semana. Mientras tanto, ayudé a la gente a evacuar y coordiné la ayuda.

Conozco tu actitud hacia la libertad. Dime, ¿cómo te sientes, como civil, en las fuerzas armadas?

He sido antimilitarista toda mi vida adulta y sigo siéndolo por convicción. No creo que la estructura militarista deba extenderse más allá de los ámbitos para los que fue creada. Sin embargo, en este momento, siento que estoy donde debo estar. No estoy en el ejército de por vida. Me quedaré el tiempo que sea necesario para proteger lo más preciado. No puedo decir que el ejército ofrece condiciones de vida completamente cómodas. Es todo un contraste con la vida que tenía antes de la invasión a gran escala. Pero no puedo decir que siento ninguna incomodidad. Vivimos en tiempos trágicos. Cada uno hace lo que puede donde está.

¿Qué puedes contarnos de tu experiencia?

En primer lugar, voy a compartir mis impresiones sobre mis camaradas, los soldados con los que sirvo. Son una muestra representativa de la sociedad. En la actualidad hay gente de todo tipo, de diferentes regiones de Ucrania, con diferentes niveles de educación, diferentes puntos de vista sobre la religión y diferentes lenguas habladas.  No hay problemas de lengua entre los soldados, ni puede haberlos. Aquí están representados el ucraniano, el ruso y el surjik. Todo el mundo interactúa y aprende de forma coordinada,  toda la gente está unida por la misma idea: la defensa de Ucrania.

He tenido la oportunidad de hablar con la gente de las localidades que han sido liberadas. Hablan de tragedia, pero también de felicidad y alegría. De hecho, la gente que se encuentra con los soldados ucranianos casi siempre los abrazan y los besan, llorando de alegría por haber sido liberados y llevándoles lo que les queda tras meses y semanas de ocupación rusa. Al mismo tiempo, les preguntan si "ellos” [el ejército ruso] volverán.

La gente cuenta historias terribles de toma de rehenes, disparos injustificados contra casas y saqueos.

¿Hay un sentimiento general de fuerza en el ejército ucraniano?

Estamos acostumbrados a las dificultades. Entendemos que estos ocho años no han sido en vano. Todo el mundo está muy motivado. El hecho de que hayamos conseguido frustrar los planes de la guerra relámpago rusista [1], el hecho de que ya estemos hablando de  territorios liberados, inspiran a las y los combatientes.

Las diferentes formaciones militares se respetan mutuamente: las fuerzas armadas, la guardia nacional y la defensa territorial. Todo el mundo entiende que estamos hablando de un único bloque, una única fuerza que opera de diferentes formas. Al mismo tiempo, debemos mantener la cabeza fría en la medida de lo posible, sin creer que la victoria caerá del cielo, sino que tenemos que luchar por ella, estar preparados para que no sea ni rápida ni fácil. Nadie duda de que ganaremos. No es ostentoso ni pomposo. La gente sólo piensa en cuándo ocurrirá, no en las opciones. No hay ninguna, sólo la victoria. Es una fuerza interior, una fuente de inspiración.

¿Qué significa para usted la victoria?

Cuando hablamos de geografía, hablamos del conjunto del territorio de Ucrania, incluidos los territorios temporalmente ocupados. No se trata sólo de saber cuándo seremos capaces de liberar todo el territorio. Es también una cuestión de saber cómo seremos cuando hayamos liberado el conjunto del territorio de nuestro país. La guerra es un traumatismo, una tragedia, una desgracia, hace a la gente cruel.

Espero que la guerra no nos haga tan crueles como para relegar los derechos humanos a un segundo o tercer plano en la agenda. Es precisamente por esta razón por la que vamos a la guerra, para preservar la posibilidad de aplicar los valores que defendemos y que nos distinguen del agresor.

No podemos evitar darnos cuenta de que mientras haya un subimperio autoritario, agresivo y gigantesco que siga teniendo los mismos apetitos a nuestro lado, difícilmente podremos sentirnos seguros. Pero esa es probablemente la siguiente cuestión en la agenda, la de nuestra estrategia de supervivencia como comunidad y sociedad ucraniana.

https://hromadske.radio/podcasts/viyna-informatsiyny-marafon/1016349 . Traducción al francés de Perrine Poupin

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

Notes

[1] "En las redes sociales, en los medios e incluso en las declaraciones oficiales, el término usual para designar a los rusos es “rashista”, una palabra que combina en ucraniano y ruso las palabras “ruso” y “fascista”. En francés se utiliza también en las traducciones la palabra “russiste”.