Capítulo 29. El despertar ucraniano nacional en Ucrania-Dnipró hasta 1860.

(Extracto del libro “Ucrania: historia de su territorio y sus habitantes”, de Paul-Robert Magocsi. En concreto se trata del cuarto capítulo de la Sexta Parte del libro: El territorio ucraniano bajo el Imperio ruso.)

Durante casi todo el siglo XIX no existió una unidad territorial ucraniana o actividad política efectiva a favor de los ucranianos étnicos de Ucrania Dnipró. La autonomía territorial de las tierras ucranianas había desaparecido el siglo anterior al ser abolidos los sistemas autónomos de Ucrania Slobidska (1765), Zaporizhzhia (1775) y Hétmanshchyna (1785). La memoria sobre la antigua autonomía se conservó en la conciencia de los cosacos, pero la mayoría de ellos entraron en la estructura social del Imperio ruso como parte de la élite o de las clases medias. En ausencia de una clase social políticamente consciente, disfrutar de una autonomía de las tierras ucranianas coo anteriormente, era irreal a principios del siglo XIX. Para la existencia de la idea de una Ucrania independiente tenía que aparecer algo nuevo, aunque fuese desde el extranjero. Esa idea nueva, que en realidad de fuera de Ucrania Dnipró, era el nacionalismo.

La idea de nacionalismo

En pocas palabras, el nacionalismo es una ideología que divide a la humanidad en naciones y defiende que un sistema social óptimo es aquel en el que las naciones tienen autonomía cultural y política y, en el mejor caso, la independencia absoluta. El nacionalismo surgió como ideología política en Europa a finales del siglo XVIII y principios del XIX. En muchos aspectos fue producto de la Revolución Francesa, cuando el pueblo, y no el Estado o sus gobernantes (el rey y la nobleza), se consideraba el mayor recurso del poder político. El nacionalismo surgió como reacción a la Revolución Francesa, o más precisamente a la expansión de la influencia de Francia en el ámbito cultural y político. Especialmente afectaba a las tierras alemanas, donde a principios del siglo XIX un par de autores, en reacción a la presencia de las tropas napoleónicas y a la expansión del uso del idioma francés y su modelo cultural entre la élite alemana, comenzaron a defender que el idioma y la cultura alemana son, al menos, iguales a la francesa y, por tanto, se merece, al menos, respeto en su tierra natal. Algunos autores, como Johann Gottlieb Fichte y Friedrich Wilhelm Schelling, subrayaban la singularidad de la cultura alemana, y otro autor alemán influyente, Johan Gottfried Herder, argumentaba que cada cultura tiene su propio valor.

Según Herder, el idioma es donde los valores culturales únicos del pueblo se expresan mejor. En las “Cartas para el progreso de la humanidad” (1793-1797) Herder afirmaba algo que llegó a ser una pregunta popular entre los entusiastas del movimiento nacional: “¿Existe algo más valioso para un pueblo que el idioma de sus antepasados? En él se concentra toda la riqueza intelectual de un pueblo, sus tradiciones, historia, religión y los pilares de la existencia, todo su corazón y alma. Privar a una nación de su idioma significa quitarle su único y eterno bien.”1 La influencia de Herder en Europa central y oriental fue enorme, dado que él ofrecía una explicación universal sobre el respeto a la cultura propia. Esto fue muy importante para los pueblos sin Estado, o en imperios multinacionales, cuyos idiomas y cultura sufrían de falta de reconocimiento o sufrían incluso desprecio. Los pueblos eslavos, entre ellos los ucranianos, llamaron especialmente la atención de Herder. En su popular diario viajero, publicado en 1769, Herder escribió “algún día Ucrania se convertirá en una nueva Grecia. El precioso cielo que se extiende encima de este pueblo, su carácter alegre, su inclinación hacia la música y sus tierras fértiles despertarán algún día de su letargo. De la multitud de pueblos pequeños y salvajes, como en algún momento fueron también los griegos, surgirá una nación civilizada. Sus fronteras se extenderán hasta el mar Negro y, desde ahí, por todo el mundo.”2 Para el lector contemporáneo estas ideas suenan bastante inusuales, pero a principios del siglo XIX, en la época del Romanticismo, llegaron a ser muy importantes para la dignidad de los pueblos oprimidos.

Tras la Revolución Francesa el nacionalismo se extendió por Europa, pero sus objetivos y métodos, dependiendo de las circunstancias políticas, se diferenciaban significativamente. En consecuencia, aparecieron dos tipos de nacionalismo: el nacionalismo impuesto por el Estado (State imposed nationalism) y el inspirado por la élite intelectual (Intelligentsia inspired nationalism). El primero provenía de arriba, es decir, de los gobiernos de Estados ya existentes que aspiraban a asegurar la lealtad de sus ciudadanos convenciéndoles de que están unidos gracias a la pertenencia a una nación. El segundo surgió en los Estados multiculturales donde el idioma, cultura e identidad dominantes se diferenciaban de las identidades de los pueblos que la habitaban. La élite de estos pueblos, la élite intelectual nacional, intentaba convencer al resto de la sociedad de que ellos son un grupo nacional independiente y, por tanto, se merecen la autonomía cultural y política o un Estado completamente independiente.

Bastantes historiadores se han mostrado simpatizantes de la teoría de Hans Kohn, según la cual, el nacionalismo impuesto por el Estado fue característico en Europa occidental, mientras el inspirado por la élite intelectual fue más común en Europa central y del este. Sin embargo, esta contraposición es errónea: incluso en la primera mitad del siglo XIX, en Europa centrooriental y oriental existieron algunos pueblos, como por ejemplo, serbios y griegos, que obtuvieron la independencia estatal al mismo tiempo, o antes, de que su élite intelectual consiguiera crear una identidad nacional común. Al mismo tiempo, otros Estados, como por ejemplo los imperios ruso y austriaco, intentaban crear una “nacionalidad estatal”, imperial rusa y austriaca respectivamente, que pudiera abarcar varias naciones.

En Europa occidental también existieron nacionalismos inspirados por las élites intelectuales, como por ejemplo, los irlandeses, frisos, catalanes, alemanes o italianos. Estos pueblos, en la primera mitad del siglo XIX no tenían sus Estados propios pero crearon sus movimientos nacionales bajo el liderazgo de la élite intelectual, cuyo objetivo era la autonomía cultural y la independencia política. Al mismo tiempo, en Europa occidental existían Estados como Noruega, Béligca o Luxemburgo, cuya independencia política precedió la formación de la creación de sus respectivas nacionalidades, y algunos Estados multinacionales, como las imperiales Francia, Gran Bretaña y España, al igual que los imperios ruso y austríaco intentaban imponer sus respectivas identidades imperiales a su población étnicamente diversa. Es decir, al clasificar los movimientos nacionales es imposible afirmar que en Europa occidental existiera un tipo de nacionalismo y en Europa centrooriental y del este, otro.

El nacionalismo ucraniano en los imperios ruso y austriaco pertenecen al tipo de élite intelectual. Antes de fijarnos en el desarrollo del nacionalismo ucraniano en el Imperio ruso es necesario hacer dos menciones más. Primero, la gente no nace con una identidad nacional, sino que obtienen la conciencia de pertenecer a una nacionalidad dada. Hasta el siglo XIX la mayoría de la población europea hablaba en los dialectos de diferentes idiomas y, a menudo, se autoidentificaban por rasgos religiosos y, a veces, por rasgos geográficos o regionales. La tarea o el objetivo que se marcaron pequeños grupos de intelectuales conocidos como élites intelectuales fue convencer a los miembros de un grupo diferente que ellos pertenecen a una nacionalidad más amplia. Los intelectuales expandían estas ideas a través de periódicos, revistas, clubes de lectura, organizaciones culturales, teatros y también, en el caso de contar con el benplácito del Gobieno, a través del sistema educativo. Es decir, la propagación de la idea de identidad nacional dependía de la existencia de una población alfabetizada y de una red de medios de comunicación, la cual venía determinada por el grado de urbanización, industrialización y modernización general de la sociedad.

Si la expansión del concepto de identidad nacional ya por sí era tarea difícil, un problema a añadir para los líderes de la élite intelectual era el que planteaba la siguiente pregunta: ¿qué clases sociales hay que considerar como miembros de la nación? ¿La élite al mando (normalmente la clase social szlachta)? ¿O todas las capas sociales, incluyendo a los campesinos? Incluso si las clases sociales conseguían llegar a un acuerdo sobre este tema, el problema de la elección de la identidad nacional más aceptable seguía siendo actual. Muy a menudo, en los pueblos sin Estado, entre ellos el ucraniano, la élite intelectual estaba dividida, autoidentificándose con distintas nacionalidades. Especialmente esto fue característico en regiones como Ucrania, donde cerca convivían miembros de muchas nacionalidades. En cierto sentido, los movimientos nacionales se asemejaban a una feria de ideologías donde las fracciones rivales ofrecían sus productos. Debido a que la conciencia nacional se formaba gradualmente, para algunas personas fue posible el paso de una fracción rival a otra, incluso varias veces. Es decir, en las tierras ucranianas podíamos encontrar miembros de la población local que elegían las identidades polaca, rusa o ucraniana.

También hay que tener en cuenta que el concepto de identidad única se opone a la jerarquía de múltiples lealtades o identidades. En los Estados plurinacionales ocurría muy a menudo que una persona pudiera sentirse completamente cómoda con más de una identidad nacional. Por tanto, para la mayoría de habitantes de Ucrania-Dnipró resultaba absolutamente normal ser al mismo tiempo rusomenor y ruso, o ruso de Rusia Menor, siendo hablante de “rusmenor”, es decir, ucraniano. Muchos nobles de ascendencia cosaca, que de forma más simplificada llamamos rusificados, pertenecen a esa categoría, entre ellos, el gran escritor rusoparlante de Ucrania-Dnipró Nikolái Gogol.

Sin embargo, con el desarrollo del nacionalismo ucraniano, sus líderes llegaron a la conclusión de que para la vitalidad del movimiento, la jerarquía “natural” de distintas identidades tenía que ser sustituida por un sistema de identidad única. En otras palabras, no se puede ser ruso de Rusia Menor o polaco de Ucrania: hay que elegir entre ruso o ucraniano, o entre polaco o ucraniano, respectivamente. De esta forma, los simpatizantes de las identidades mutuamente excluyentes daban preferencia al término “ucraniano” sobre “rusomenor” para acentuar la diferencia. En realidad, la evolución del resurgimiento nacional ucraniano se puede leer como la historia del conflicto entre el sistema de lealtades múltiples y el de identidad única, y también la reflexión, a menudo traumática, de este conflicto en las personas.

Finalmente, podemos observar que el nacionalismo de élite intelectual ha pasado por tres fases: 1) fase de recogida del legado; 2) fase organizativa y 3) fase política. La primera fase estuvo marcada por los esfuerzos de muchas personas de recogida de artefactos lingüísticos, folclóricos, literarios e históricos de la nación en cuestión. En la segunda fase surgen las organizaciones, colegios y editoriales para la expansión de la información del legado cultural recogido. En la tercera fase es característica la participación en la vida política con la intención, a menudo, de obtener la autonomía o independencia política. Este modelo de tres fases se puede aplicar también al movimiento nacional ucraniano del siglo XIX.

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¿Qué es la nacionalidad? En inglés, los términos “nationality” y “nation” se utilizan a menudo como sinónimos. Eso causa bastante lío cuando intentas definir estos términos. El lío aparece respecto a las relaciones entre un pueblo y el Estado en el que vive. Hay que recordar que en la mayoría de los Estados, hoy en día, igual que antes, viven pueblos de distintos orígenes culturales y lingüísticos. En este libro, los términos “nación” (nation) y “nacionalidad” (nationality) se diferencian. La nación son los ciudadanos de un cierto Estado. Es decir, la nación francesa o la ucraniana son todos los habitantes de Francia o Ucrania que son los habitantes de dicho país, independientemente de sus pecualiaridades lingüísticas o etnoculturales. El término nacionalidad se refiere a un grupo de personas que tiene una o varias características en común: un territorio concreto (es posible pero no obligatorio que sea un Estado), idioma, tradición histórica, religión, valores culturales, y rasgos etnográficos. Juntos, en conjunto, estas características diferencian a las personas de una nacionalidad de sus vecinos. Merece la pena mencionar que los grupos étnicos o etnográficos también pueden tener todas o la mayoría de estas características en común. Por tanto, ¿qué diferencia la nacionalidad del grupo étnico? La diferencia principal consiste en la existencia o ausencia de todas o de una parte de las características mencionadas. Pero más bien, en la conciencia de los miembros del grupo de la existencia de estos rasgos en común; que precisamente la diferencian de los pueblos o nacionalidades vecinas. En otras palabras, la nacionalidad tiene: 1) características objetivas en común, 2) características subjetivas: conciencia de independencia y el deseo de pertenecer a un grupo independiente. La cantidad de diferencias objetivas comunes se diferencia en distintas nacionalidades. Por ejemplo, el idioma, durante un largo período de tiempo, se consideraba una característica importante e incluso determinante de la nacionalidad. En realidad, eso no es así, porque los brasileños, estadounidenses o irlandeses, son pueblos o nacionalidades independientes sin tener o habiendo perdido su idioma propio. Alguien puede considerarse a sí mismo de nacionalidad ucraniana sin saber ucraniano. En cuanto a los factores subjetivos, la conciencia de pertenencia nacional es el resultado del proceso educativo en familia y, sobre todo, en el colegio. Finalmente, a consecuencia de la realidad multinacional de la mayoría de los Estados del mundo, surgió el concepto de derechos de minorías nacionales o étnicas. En realidad, no existen las minorías étnicas, solo nacionalidades que conviven en uno o varios Estados. Sin emabrgo, la mayoría de Estados tenía la finalidad de convertirse en Estados nacionales; es decir, se guiaban por la convención de que todos los habitantes del Estado pertenecen, o deben pertenecer, a la única nacionalidad “estatal”. Algunos Estados reconocieron que en sus territorios viven diferentes pueblos o nacionalidades distintas. En el sistema constitucional y legal las nacionalidades no estatales se consideran minorías nacionales.

El fenómeno de las múltiples lealtades

Las ganas de cambios en la sociedad no fueron la principal motivación para aquellos que participaron en la primera fase del movimiento nacional de Ucrania-Dnipró (fase de recopilación del legado). Se trataba más bien del deseo de restaurar ciertos aspectos del pasado, o más concretamente, de usar el pasado para obtener logros presentes. En dicha referencia al pasado, sobre todo estaba interesada la starshyna cosaca del Margen Izquierdo. Desde 1785, cuando Catalina II editó la Gramota cedida a los cortesanos, la starshyna cosaca se preocupaba más por luchar a acceder a la nobleza rusa con todos sus correspondientes privilegios sociales y económicos que por atender las protestas por la abolición de la autonomía de Hétmanshchyna.

Entre 1785 y 1835 el Gobierno imperial reconoció en un primer momento el estatus de szlachta de todos los cosacos, después lo denegó y posteriormente lo volvió a otorgar, pero no a todos (ver capítulo 27). Tales cambios de criterio animó a muchos cosacos a pedir la creación, en 1797, de una oficina heráldica. Para demostrar que toda la starshyna cosaca era equivalente a la nobleza rusa, o argumentar las pretensiones de ciertos cosacos al estatus de nobleza según las condiciones “rusmenores” locales, los solicitantes se vieron obligados a revisar una gran cantidad de acuerdos históricos entre hétmanes ucranianos y zares de Moscovia, las gramotas de reyes polacos y grandes príncipes lituanos, y otros documentos, incluyendo crónicas, memorias históricas y familiares, genealogías y anotaciones de tradiciones locales. Uno de los productos secundarios de esta búsqueda práctica de argumentación legal fue la generación de un nuevo interés hacia el pasado, que en poco tiempo causó la aparición de varias publicaciones dedicadas a la Historia de Ucrania. Por tanto, no es nada extraño que la mayoría de las primeras historias ucranianas fueran escritas en esta época, cuando la élite cosaca intentaba desesperadamente entrar en las filas de la nobleza rusa.

Cada una de estas historias tempranas expresaba un profundo patriotismo local y amor hacia el pasado. Pero todas fueron escritas en idioma ruso y sus autores no tenían ninguna duda de que Ucrania, o Rusia Menor, era una parte natural e inseparable del mundo imperial ruso. Por tanto, las historias tempranas de Ucrania, de forma implícita estaban de acuerdo con la existencia de múltiples lealtades o identidades.

El folclore también resultó ser tierra fértil para la actividad de la élite intelectual durante la primera fase del resurgimiento nacional. En esta misma época, cuando salieron editadas las primeras historias de Rusia Menor, Hryhorii Kalynovskyi publicó su “Descripción de los ritos nupciales ucranianos del pueblo llano en Rusia Menor y la gubernia de Ucrania-Slobidska” (1777). El siguiente en aparecer fue la “Intento recopilatorio de canciones antiguas rusmenores” (1819), del gran príncipe Nikolai Tsertéliev, un georgiano rusificado nacido en Ucrania-Dnipró y que, como arduo patriota local, sintió la necesidad de recopilar las canciones populares de los viejos kobzares. En los comentarios a sus textos, Tsertéliev afirma que las canciones populares ucranianas muestran unas cualidades morales que diferencian a los ucranianos de la agresividad y avaricia de sus vecinos.

La primera recopilación sistemática de canciones populares ucranianas la hizo Myjailo Maksymóvych, que publicó tres volúmenes de obras escogidas: “Canciones rusmenores” (1827), “Canciones populares ucranianas” (1834) y “Recopilación de canciones ucranianas” (1849). Tomando prestado el acercamiento de Tsertéliev, Maksymóvych subrayaba las diferencias entre rusos y ucranianos a través de las canciones populares. Sus recopilaciones ejercieron una gran influencia en la élite intelectual ucraniana, que aspiraba a descubrir las riquezas culturales de su pueblo. Tras la obra de Maksymóvych surgieron otras recopilaciones de canciones populares; entre ellas, la más importante fue la obra de seis volúmenes “La antigüedad zaporoga” (1833-1838), bajo la redacción del eslavista ruso Izmaíl Srezniévskii.

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Hasta que la consecución del estatus de szlachta no se convirtió en un problema urgente para los cosacos, existía solo un libro publicado sobre Ucrania: “Crónica breve de Rusia Menor” (1777), que era una versión extendida de una crónica creada en la década de 1730. Una obra anterior de Hryhorii Hravianka, “Acontecimientos de la famosa batalla de Bohdán Jmelnytsky, hetman zaporogo, contra los polacos” (1710), fue publicada en una versión corta en 1793, y otro trabajo general, “Acopio de crónicas sobre Rusia Menor, su pueblo y cosacos en general”, de Aleksander Rigelman, fue escrita en 1785-86, pero solo fue publicada en 1847. La disputa acerca del estatus cosacos y las investigacioes históricas prácticas causadas por ella, en breve harían salir muchas publicaciones. Entre ellas se encontraban obras polémicas que defendían el derecho de los cosacos de Ucrania al estatus de szlachta (Romá Markóvych, aprox. 1800; Tymofii Kalynskyi, aprox 1800 y 1808; Vasyl Poletyka, 1809; Adrian Chepa, 1809; Fédir Tumasnkyi, 1809) y también obras históricas más extensas, entre las que encontramos una descripción amateur de Ucrania de Iákiv Markovych, “Notas sobre Rusia Menor, sus habitantes y sus obras” (1798), una seria compilación de cinco volúmenes de Mykola Markevych, “Historia de Rusia Menor” (1842-1843) y también “Historia de Rusia Menor” (1822) de Dmytró Bantish-Kamenskyi, miembro de la szlachta de Ucrania-Dnipró. La obra de Bantish-Kamensky se basa en un gran corpus de fuentes de archivo y está empapado de un espíritu de profunda fidelidad al Imperio ruso. Su historia fue tan popular que se reeditó tres veces (1830, 1842 y 1903) y fue la principal fuente de información sobre la historia ucraniana hasta finales del siglo XIX.

Otro elemento importante de la fase de recopilación del movimiento nacional de élite intelectual, el idioma, no gozaba en Ucrania-Dnipró de tanta popularidad como la historia y el folclore. En otros resurgimientos eslavos nacionales jugaban un papel principal y los diccionarios y gramáticas se convertían en el material más importante para la construcción de la cultura nacional. El papel de personas como Josef Dobrovsky y Josef Jungman entre los checos, Pavel Josef Safarik y Ludovit Stur entre los eslovacos, Ljudevit Gaj entre croatas y Vuk Karadjic entre los serbios, dan testimonio de la gran importancia de los lingüistas en los movimientos nacionales de otros pueblos eslavos. Pero los ucranianos, al menos los de Ucrania-Dnipró, se quedaron atrás en este asunto. A lo largo de la primera mitad del siglo XIX apareció solo una gramática, de Oleksii Pavlovskii, “Gramática del habla rusmenor” (1818) y un pequeño diccionario, de Iván Voitsejovych (“Recopilación de palabras del habla rusmenor”, 1823). Además, estos autores no consideraban el ucraniano como un idioma aparte; para ellos, era el dialecto “rusmenor” del idioma ruso.

Al mismo tiempo comenzaron a surgir obras literarias, pero ni siquiera ellas pudieron crear la base para un movimiento literario potente. La primera obra literaria escrita en ucraniano moderno, cuya publicación comenzó en 1798 y que pertenecía al “padre de la nueva literatura”, Iván Kotliarevskyi, fue la “Eneida de Rusia Menor”: fue una travesty del poema clásico latino homónimo de Virgilio en el contexto ucraniano. Aunque el idioma de la Eneida de Kotliarevskyi y también de sus obras dramáticas (la opereta “Natalka Poltavka” y el vodevil “Moskal, el Mago”) fue realmente el ucraniano de aquellos tiempos. La temática de estas obras llevaban a pensar que este idioma sirve solamente para describir lo cómico. Esta actitud no cambió tras el surgimiento de las obras en ucraniano de Petró Hulak-Artemovskyi, Hryhorii Kvitka-Osnoviánenko y Yevhén Hrebinka, que escribían burlesque, folletines, relatos y fábulas. En pocas palabras, aquellos autores que acudían a los géneros más serios debían de emplear el idioma ruso. Precisamente, así hizo uno de los más célebres escritores ucranianos de aquella época, Nikolai Gógol. La falta de seguridad en el idioma y la cultura ucranianos fue reconocida por Myjailo Maksymóvych, patriota y folclorista, en 1840: “Todo lo que se escribe en ruso menor, en cierto modo, ya es artificial, solamente presenta interés local, es igual que alemanes escribiendo en alemán vulgar. Nosotros no podemos tener una escritura en el idioma sur-ruso, sino que solo puede haber, y así es, obras aisladas escritas en dicho idioma”.3

Pero a pesar de los escasos logros en el ámbito lingüístico y literario, el despertar nacional en Ucrania-Dnipró durante la fase de recopilación, a finales del siglo XVIII y primeras décadas del XIX, obtuvo algunos logros importantes, especialmente en el campo de la Historia y del folclore. Es interesante mencionar, aunque suene inesperado, que el Gobierno del Imperio ruso apoyaba, en general, estos procesos. Por tanto, en Ucrania-Dnipró comenzó la fase de organización del despertar nacional. Muy importante en este contexto fue la creación de las dos primeras universidades modernas en el territorio ucraniano: 1805, en Járkiv y 1834 en Kíev. La Universidad de Járkiv fue fundada por la iniciativa local del szlachtych filántropo ucraniano, Vasyl Karazin, con un objetivo estrictamente práctico: formar a personas para el aparato burocrático imperial. Por tanto, en la universidad no se daban clases ni en ucraniano ni en ruso, sino que durante varias décadas los idiomas de estudio fueron el latín, el francés y el alemán. Gracias a su profesorado, principalmente extranjero, a Járkiv llegaban las últimas corrientes intelectuales de Europa occidental, entre ellas, el romanticismo y el nacionalismo.

En poco tiempo, algunos miembros del círculo intelectual de la universidad mostraron interés por la localidad donde esta estaba situada. En consecuencia, en la década de 1820 Járkiv se convirtió en el primer núcleo del despertar nacional ucraniano. Entre los activistas del grupo de Járkiv se encontraban el folclorista y filólogo ruso Izmail Sreznievskii y los escritores ucranianos Petró Hulak-Artemovskyi, Hryhorii Kvitka-Osnoviánenko, Amvrosii Metlynskyi y Mykola Kostomárov. Járkiv se convirtió en el lugar de las primeras publicaciones de almanaques de literatura ucraniana (“Almanaque ucraniano”, 1831; “Antología ucraniana”, 1838-1841) y de las primeras ediciones periódicas dedicadas parcialmente a la temática ucraniana (“Boletín ucraniano”, 1816-1819; “Revista ucraniana”, 1823-1825). Aunque estas ediciones periódicas se publicaban principalmente en ruso y su objetivo era familiarizar a los lectores con la literatura occidental, también se convirtieron en un foro para las publicaciones en ucraniano del grupo de novelistas y científicos sociales del grupo de Járkiv. También en Járkiv, por primera vez, para nombrar a la mayoría de la población de Ucrania-Dnipró fue usado el término “ucraniano” en lugar de “rusomenor” o, el aún más antiguo, “rusino” o “ruteno”.

La iniciativa de fundar la Universidad de San Volodýmyr en Kíev en 1834, a diferencia de Járkiv, no provino de los filántropos locales, sino del Gobierno ruso. Además, si la Universidad de Járkiv tenía un objetivo, en cierto modo, mundano (formar funcionarios para el servicio imperial), la Universidad de Kíev, tenía desde el principio un claro objetivo político: convertir el Margen Derecho, que durante mucho tiempo estuvo bajo la influencia polaca, en una parte inseparable del Imperio ruso. En realidad, la fundación de la universidad fue consecuencia directa del fallido levantamiento polaco de 1830-1831 en el que participaron miles de miembros de la szlachta polaca del Margen Derecho. Aunque este levantamiento no se convirtió en una amenaza militar seria contra el imperio, sirvió para convencer al zar Nicolás I de que a pesar de cuatro décadas de pertenencia al Imperio ruso, la szlachta polaca seguía siendo aún políticamente objeto de desconfianza en las estratégicamente importantes gubernias occidentales.

Para resolver este problema, Nicolás I encomendó al recién asignado Ministro de Educación y Jefe de la Academia de Ciencias del Imperio, Serguéi Uvárov, convertir el sistema educativo polonófilo de las gubernias occidentales (entre ellas, el Margen Derecho ucraniano) en un instrumento de la ideología del Imperio ruso. Con este objetivo, los colegios de Secundaria en Polonia fueron rusificados, el famoso liceo polaco de Krémenets (Volinia) y la universidad polaca de Vilna fueron liquidados y, en sustitución, fue creada en 1834 en Kíev una nueva universidad rusoparlante. Uvárov eligió Kíev como lugar de la nueva universidad debido a que, según sus propias palabras, esta fue “la madre de las ciudades rus” y, por tanto, un exitoso punto de partida para la expansión cultural del Imperio ruso hacia el oeste.

La Universidad de Kíev-San Volodýmyr y su, al prinicipio, no muy numeroso profesorado tenían que dedicarse principalmente a las investigaciones de historia de las gubernia rusas occidentales en Ucrania y Bielorrusia. Estos territorios pertenecieron anteriormente a la Rus de Kíev, por lo que, desde el punto de vista gubernamental, ahora había que integrarlas ideológica y políticamente en el imperio zarista. En el proceso de reeducación cultural, la juventud polaca tenía que estudiar en el espíritu ruso imperial y al movimiento rusmenor local le fue otorgado un papel especial: convertirse en un instrumento para la despolonización de Kíev y del Margen Derecho. Por eso no sorprende que uno de los principales intelectuales ucranianos de aquel tiempo, Myjailo Maksymóvych, fuera nombrado rector de la nueva universidad.

Para animar a los estudiantes eslavistas dedicados, entre otras cosas, a Ucrania-Dnipró o Rusia Menor, en 1838 Uvárov asignó una generosa financiación estatal para investigaciones y viajes destinadas a los historiadores punteros del imperio. Dos de ellos, Osip Bodianskyi, de la Universidad de Moscú e Izmail Sreznewskyi, de la Universidad de Járkiv, ya se dedicaban activamente a los estudios ucranianos. En el mismo Kíev salieron editados tres volúmenes de la revista literaria científica “El kievita” (1840,1841 y 1850) y en 1842 se fundó la Comisión Arqueológica Imperial para la recopilación y publicación de documentos históricos. Mientras tanto, el folclorista e historiador ucraniano Osip Bodianskyi, tras volver de un viaje de investigación en el extranjero, se convirtió en secretario de un club imperial sobre el aprendizaje de historia y antigüedades rusas en Moscú, donde comenzó su serie de publicaciones llamadas “Lecturas” (1846-1918). Bajo su redacción, durante los tres primeros años de existencia de “Lecturas” se publicaron 23 números con un gran material histórico sobre Ucrania.

Por tanto, fue el Gobierno imperial ruso el que sentó una fuerte base organizativa para la investigación de la cultura ucraniana. Finalmente, esta política le vino bien a la ideología rusa oficial proclamada en 1833 por el Ministro de Educación Uvárov según la cuál, los pilares ideológicos del imperio tenían que ser la fe ortodoxa, el gobierno unipersonal y la pertenencia al pueblo. Por tanto, la identidad rusmenor local se consideraba un complemento aceptable, e incluso deseable, para la ideología nacional del Imperio ruso. Esta identidad local era, o eso parecía entonces, solo un escalón más bajo en el sistema social y cultural que reconocía una jerarquía de lealtades e identidades múltiples y complementarias.

La fe en las identidades mutuamente excluyentes

En este mismo tiempo, en los círculos de la joven élite intelectual de Ucrania-Dnipró, surge la teoría sobre la imposibilidad de una existencia paralela de varias identidades. Algunos elementos de esta teoría se podían encontrar en los comentarios de las antologías folclóricas de Tserteliev y Maksymovych, donde señalaban las diferencias entre las canciones populares ucranianas y rusas. Uno de los factores más radicales de separación fue la obra llamada “Historia de los rus y de Rusia Menor” (1846). Hasta ahora los historiadores no han llegado a un acuerdo sobre la autoría de esta obra, aunque coinciden en que el texto fue escrito en la primera década del siglo XIX y en los años 1820 y 30 algunas copias pasaron de mano en mano hasta su publicación en 1846 por Osip Bodianskyi como primer tomo de su serie de libros “Lecturas del club imperial sobre antigüedades e historia rusas”.

“Historia de los rus y de Rusia Menor”, al igual que otras historias sobre la Rusia Menor de aquel período, presta mayor atención a temas cosacos, entre ellos, la situación política independiente o semi-independiente durante los siglos XVII y XVIII. Sin embargo, a diferencia de otras obras, esta obra trata a Rusia Menor no como una provincia de un más extenso mundo rus sino como un país independiente que pasó poco tiempo atrás a la hegemonía rusa. Es decir, “Historia de los rus…” transmitía la idea de la sucesión histórica de la estatalidad ucraniana desde los tiempos de la Rus de Kíev hasta el período lituano y la época cosaca. Teniendo como objetivo el despertar del sentimiento patriótico nacional, el autor de este libro eligió un tono más bien de obra moral y no el de una simple narrativa histórica. Esta obra declara una abierta dicotomía entre el mundo moscovita y el ucraniano. En el esquema filosófico de la verdad, la justicia y la bondad contra el mal; los moscovitas, sin falta, tenían que aparecer descritos en el lado oscuro: “entre el pueblo moscovita gobierna la esclavitud y la sumisión en su más alta medida y no pueden tener nada propio más que a Dios y el zar; y las personas, bajo su punto de vista, han sido creadas para no tener nada, solo la esclavitud”.4

Esta imagen contrastaba bruscamente con la imagen del modo de vida democrático y libertario (aunque también romantizado e históricamente distorsionado) presente en la Ucrania cosaca. El lector, al parecer, tenía que detenerse a pensar si los “rus” modernos, es decir, los ucranianos étnicos, debían seguir bajo el yugo moscovita. La respuesta de “Historia de los rus…” se asemeja a la ideología de las revoluciones estadounidense y francesa:

“Cuando una forma de gobierno impide este objetivo (es decir, intenta privar a la gente de sus derechos inherentes), el pueblo tiene el derecho de cambiarlo o derribarlo y establecer una nueva gobernanza basada en tales principios y que garantice su dominio de tal forma que parezca la más adecuada para conseguir la felicidad y la seguridad”.5

Esto supuso un llamamiento al despertar de la estatalidad ucraniana en el espíritu de proclamaciones esclarecedoras de libertad universal.

Aunque “Historia de los rus…” no fue una obra de alto nivel académico, sin embargo, utilizando la historia popular, logró inspirar a toda la generación de patriotas ucranianos de 1840 y 1850. Después de impregnarse con el espíritu de esta obra, Mykola Markevych escribió en su “Historia de Rusia Menor”, de cinco volúmenes (1842-1843), donde aseguraba que fueron los ucranianos, y no los rusos, los verdaderos herederos de la Rus de Kíev. “Historia de los rus…” ejerció una influencia aún mayor en las tres personas que se convirtieron en símbolos del despertar nacional ucraniano: Mykola Kostomárov, Panteleimón Kulísh y Tarás Shevchenko.

Mykola Kostomárov nació en el extremo oriental de Slobozhánshchyna, cerca de Voronesh, cuyo padre era un oficial ruso procedente de un rico linaje ucraniano y su madre era una sierva de su padre. Kostomárov estudió en la Universidad de Járkiv, donde se aficionó a la historia y a las ideas filosóficas de Gerder sobre el valor de cada cultura e idioma nacional. Editó poesía en ucraniano en todas las publicaciones del círculo de Járkiv y en sus primeras investigaciones defendía la necesidad de una literatura ucraniana independiente. Al obtener la especialidad de profesor en un gymnasium (instituto especializado en Humanidades) en 1845, Kostomárov se mudó a Kíev.

Panteleimón Kulísh era hijo de un cosaco de la gubernia de Cherníhiv que no logró obtener derecho a la nobleza. El joven Kulísh estuvo, durante cierto tiempo, estudiando en la Universidad San Volodýmyr de Kíev y, desde 1840, dio clases en un colegio de secundaria de Lutsk. En 1843 publicó en ruso su primera novela. En dos años comenzó a editar su más célebre novela, también en ruso, “La Rada negra”. Al principio, Kulísh era un patriota nacional de tipo rusmenor que no tenía nada en contra de la idea de múltiples identidades. En noviembre de 1845 Kulísh fue a San Petersburgo para una estancia superior a un año pero, en todo ese tiempo, mantuvo estrechos contactos con Kíev.

El tercer miembro de este trío de la élite intelectual que fue finalmente predestinada para generar la mayor influencia al movimiento nacional ucraniano era Tarás Shevchenko. De los tres, Shevchenko era el que provenía de un origen más humilde: nació en el seno de una familia de siervos en la gubernia de Kíev. Teniendo en cuenta la época y su posición social lo excepcional fue que al pequeño Tarás le enseñaran a leer y escribir. También descubrió su talento con el pincel. Tras su agitada juventud, en la que Shevchenko escapó de su padre y de su madrastra y erraba de pueblo en pueblo, volvió finalmente a la finca de su pan (Vasilii Engelhardt), cuyo hijo, en 1830, se llevó a Shevchenko a San Petersburgo. A Shevchenko le mandaron a estudiar a la Academia Imperial del Arte y, en poco tiempo, se convirtió en el favorito de la alta sociedad de San Petersburgo. En 1838, el famoso pintor ruso Karl Brulov hizo un retrato y, al venderlo, compró la libertad de Shevchenko. Shevchenko se quedó en San Petersburgo, donde siguió pintando y estudiando. Tomaba clases de historia ucraniana y también escribía poesía.

Dos años después publicó su primera gran antología poética: “Kobzar” (1840). Según palabras de Iurii Luckyj, “la aparición de Kobzar es el acontecimiento más importante de la historia de la literatura ucraniana. Mostró un nuevo y atrevido comienzo, siendo un intento de expresar en idioma ucraniano aquello que, para mucha gente aún, se consideraba imposible: un amplio espectro de sentimientos e ideas, e incluso una interpretación altamente artística.”6 Las dudas acerca del uso del “idioma rusmenor” en los géneros literarios serios pasaron a la historia. La aparición de “Kobzar” provocó cambios en la visión que, en consecuencia, sus contemporáneos creyeron que el dialecto rus menor podía llegar a ser un idioma de pleno derecho. En algunas otras obras, Shevchenko reprochaba a Kotliarevskyi, Kvitka-Osnoviánenko y Gogol no creer en esta idea.

“Kobzar” y su siguiente gran obra, “Haidamakas” (1841) también eran de contenido radical. El tema de ambas obras épicas giraba sobre las hazañas históricas de los ucranianos, descritos como miembros de una nación independiente, brutalmente sometida por los opresores moscovitas y polacos. Shevchenko creó no solo una herramienta (el idioma), sino también el contenido del mensaje: el orgullo nacional expresado en unas estrofas inolvidables y conmovedoras. Siendo radicalmente diferente de sus contemporáneos rusmenores que aún creían en la posibilidad de la existencia de múltiples identidades, Shevchenko claramente separaba las identidades rusa y ucraniana. De una forma más tajante cargó contra el Gobierno ruso moscovita a través de dos poemas: “Sueño” (1844) y “Cáucaso” (1845). En ellos, Shevchenko ridiculizaba a la familia del emperador y a sus antecesores. La descripción del zar Pedro I contrastaba radicalmente con un popular poema en aquel tiempo sobre este personaje histórico del poeta puntero ruso Alexander Pushkin. En la obra de Shevchenko “Sueño”, el “hetman libre” Pavló Polubotok se dirige así a Pedro I:

¡Oh, monstruo inmundo! ¡Oh, zar bellaco!

¡Zar maldito! En tierras desiertas

¿Qué hiciste tú con mis cosacos?

Con sus huesos, sus nobles huesos,

tú rellenaste los pantanos,

¡uu emporio alzaste sobre sus

cadáveres ensangrentados

y de hambre, en oscura cárcel

me mataste, martirizado

y encadenado por ti, zar!7

El propio Shevchenko no pertenecía a la clase social noble y no compartía sus puntos de vista sobre la historia ucraniana. Su mensaje revolucionario consistía en que los ucranianos formaban una nacionalidad compuesta por distintas clases sociales que fueron privadas de derechos políticos y culturales y, además, la gran mayoría de campesinos y siervos además sufría opresión social. Al respecto, si el hetman Bohdán Jmelnytskyi era un héroe para la szlachta ucraniana del siglo XIX por comenzar el proceso político que trajo riqueza y alto estatus social, Shevchenko consideraba que hubiera sido mejor que Jmelnytsky nunca hubiera nacido.

¡Oh, Bohdán!

¡Mi poco inteligente hijo!

Mira ahora a tu madre,

tu Ucrania,

que acunando cantaba

sobre su mal destino,

y cantando sollozaba,

atisbaba la libertad.

¡Oh, Bohdán, Bohdán!

Si hubiese sabido,

en la cuna te habría ahogado,

debajo de mi corazón te habría adormecido.

Las estepas, mis vendidas…

Dnipró, mi hermano, se está secando,

me está abandonando,

y las tumbas, mis queridas,

moskal las está desenterrando…8

El principio de los años 1840 lo pasó Shevchenko en San Petersburgo y en algunos hacendados de la szlachta en Ucrania-Dnipró. Era miembro de la élite de San Petersburgo y el centro de atención de los terratenientes provincianos sedientos de cultura. Posteriormente, en 1845 Shevchenko volvió a casa, ya no como miembro de las altas esferas de San Petersburgo, sino para ocupar el puesto de investigador de la recién creada Comisión Arqueográfica Imperial en Kíev. Precisamente en Kíev, en 1845, Shevchenko tuvo la oportunidad de conocer a los dos intelectuales de Ucrania-Dnipró anteriormente mencionados: Kostomárov y Kulísh.

A mediados de la década de 1840, Kíev se convirtió en el centro de un pequeño grupo de entusiastas ucranianos que, bajo el mando de Mykola Hulak y Vasyl Biloserskyi, fundaron (probablemente a principios de 1846) una sociedad secreta bajo el nombre de “Sociedad de Cirilo y Metodio”. Aunque existan dudas acerca de si realmente Shevchenko (que viajaba por Ucrania por imperativo de la comisión arqueográfica) y Kulísh (que en noviembre de 1845 se mudó de Kíev a, primero, Rivne y, luego, San Petersburgo) fueron miembros de dicha sociedad, ellos, de una u otra forma, participaban de su actividad, junto con otro miembro activo de la sociedad, Mykola Kostomárov.

¿Qué actividad era esa? Consistía sobre todo en debates y proclamación del programa de divulgación de la igualdad social, de la fraternidad eslava y, de forma indirecta, del patriotismo ucraniano. Con la aparición de la Sociedad de Cirilo y Metodio, el movimiento nacional, que destacaba la identidad original ucraniana, entró en la segunda fase: la fase organizacional. La Sociedad creó un documento bajo el nombre “Libro del origen del pueblo ucraniano”, posiblemente escrito por Kostomárov, que describía de forma mesiánica la historia del mundo y Ucrania como parte de él. Se ponía énfasis especial en el crecimiento del movimiento cosaco: “No ocurrió como lo pensaron los pany, porque los cosacos se levantaron y, tras ellos, todo el pueblo llano; combatieron y echaron a los pany y la tierra ucraniana se convirtió en cosaca, libre, porque todos eran iguales y libres, pero no por mucho tiempo”.9 Esta situación ideal duró hasta que “la alemana zarina, Catalina, puta mundial, atea y asesina de su marido terminó con los cosacos y la libertad porque reconociendo a aquellos que fueron starshyna en Ucrania, dándoles tierras y siervos, les cedió hermanos libres subyugándolos e hizo a unos pany y a otros esclavos”.10 Sin embargo, esta destrucción de Ucrania fue más fingida que real, ya que en el futuro, cuando se consiga uno de los objetivos de la Sociedad (la federación de todos los eslavos), “entonces, todos los pueblos, cada uno en su idioma, apuntarán su dedo hacia aquel punto del mapa donde Ucrania se dibuja, y dirán: mirad, la piedra que descartaron los edificadores se ha convertido en piedra angular”.11

El programa de la Sociedad de Cirilo y Metodio en Ucrania-Dnipró preveía la abolición de la servidumbre y la fundación de colegios de educación pública. Sin embargo, esta organización idealista nació moribunda, ya que debido a la denuncia de un provocador, O. Petrov, todo el grupo fue entregado a la policía zarista. Diez miembros de esta sociedad, entre ellos Shevchenko y Kulísh, fueron arrestados en la primavera de 1847, juzgados y sentenciados culpables. Hulak fue encarcelado tres años; Kostomárov, fue arrestado un año y enviado al destierro; Biloserskyi y Kulísh fueron sentenciados a cuatro meses de encarcelamiento y al destierro. A Shevchenko, por sus apasionadas poesías y su influencia anti-rrusa en los rus menores, fue desterrado comos soldado raso a los Urales por tiempo indefinido, y por orden directa del zar Nicolás I, le fue “estrictamente prohibido escribir o dibujar”.12 A los sentenciados no se les permitía vivir en Ucrania una vez cumplidas las respectivas sentencias.

El proceso y las sentencias a los miembros de la Sociedad mostraron que el primer tímido intento de crear una organización ucraniana sufrió un descalabro absoluto. Este precedente también desveló que el Gobierno del Imperio ruso que, hasta entonces no solo toleraba sino que también apoyaba activamente el movimiento cultural rusmenor, a partir de aquel momento comenzaría a sospechar de los patriotas locales como separatistas nacionales. Sin embargo, la publicación de las obras de Shevchenko en la década de 1840 dio al movimiento ucraniano una nueva raison d’etre: se trataba de una mentalidad alternativa a la mentalidad rusmenor que dominaba los círculos ucranianos intelectuales en dicha década. Y aunque el régimen destruyó la Sociedad de Cirilo y Metodio, el potencial lingüístico y literario de la cultura ucraniana formulado por Shevchenko podría resurgir en una situación política favorable como instrumento vital del movimiento nacional.

Notes

1Johann Gottfried von Herder, Briefe zu Beförderung der Humanität, no. 1, en J.G. Herder, Werke, Vol. VII (Frankfurt am Main, 1991), p.65

2“Journal meiner Reise mi Jahr 1769”, Herders sämtliche Werke, vol. IV (Berlín, 1877), p. 402

3Carta a Denýs Zubritskyi, citado por George S.N. Luckyj, Entre Gogol y Shevchenko: polaridad en la Ucrania literaria, 1798-1847 (Munich, 1971), p. 30.

4Citado por Olexander Ohloblyn, “The Ethnical and Political Principles of ‘Istoriya Rusov’”, Annals of the Ukrainian Academy of Arts and Sciences, II, 4 (Nueva York, 1952), p. 393.

5Íbid. p. 396

6Luckyj, Between Gogol and Shevchenko, p.137

7“Sueño (Comedia)”, del libro de Tarás Shevchenko Antología de obras en seis tomos, Tomo I: poesía 1837-1847. (Kíev, 2003) p. 275

8“Tumba desenterrada”, íd. p. 252-253.

9Mykola Kostomarov “Ley de Dios” (Libro del origen del pueblo ucraniano) (Kíev, 1991), p. 26.

10Ídem, p. 28.

11Ídem, p. 30.

12Luckyj, Between Gogol and Shevchenko, p.186.